Jugando con fuego


Por Edmundo Jarquín - En Nicaragua, como país, porque no todo es responsabilidad del gobierno, aunque éste tenga la mayor cuota, estamos jugando con fuego. Es decir, irresponsablemente acercándonos a un abismo de cuyo fondo, como tantas veces en nuestra historia, toma mucho tiempo, esfuerzo y dolor, salir. Por ejemplo, treinta y cuatro años después, estamos lejos todavía del ingreso per cápita nacional que teníamos a inicios de 1978.


La relativa percepción de bonanza que algunos sectores experimentan,  podría estar a punto de terminar.



Antes, debo señalar que  el gobierno de Ortega heredó un país sin déficit fiscal, con una reducidísima deuda externa, y una inmensa cartera de proyectos de desarrollo en ejecución, o contratados, con financiamiento concesional. El país estaba creciendo económicamente. Modestamente, pero creciendo. En materia de crecimiento económico, el promedio de los cinco años de gobierno de Ortega no ha sido mejor que los años anteriores, tampoco mucho peor, sobre todo los dos últimos años, con crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) arriba del 4% anual. Crecimiento modesto, pero no despreciable.



Los factores que han hecho posible ese desempeño, y de paso manejar sin mayores aprietos la política económica, están en riesgo. ¿Cuáles son esos factores? No en orden de importancia, porque cada quién desde su prisma de observación y análisis puede atribuirles diferente valor, esos factores son los siguientes.



Primero, la cooperación de Chávez. Esta cooperación le ha permitido alivio por el lado de la balanza de pagos, y una gigantesca masa de recursos para mantener una política expansiva del gasto social que no genera empleos, pero lleva alivio temporal (láminas de zinc, canastas familiares, entretenimiento, etc) a no poca gente. Ha permitido a Ortega, también, construir una red de intereses empresariales que cuentan, y no poco. Pero sobre todo, ha permitido expansión del gasto sin alterar los equilibrios macroeconómicos.



Segundo, al mantenerse los equilibrios macroeconómicos, y pese al retiro de fuentes bilaterales de cooperación porque la ayuda de Chávez le ha dado a Ortega autonomía en relación a la condicionalidad democrática de esas fuentes, se ha mantenido el diálogo y cooperación con el Fondo Monetario Internacional y las otras entidades multilaterales de financiamiento, que han mantenido cuantiosos flujos de préstamos y desembolsos.



Tercero, y aunque independiente de la gestión de Ortega, por varios años consecutivos Nicaragua ha tenido, y el gobierno de Ortega y muchos nicaragüenses se han beneficiado, un auge sincronizado en los precios de todos los productos de exportación.



Todos esos factores, que han hecho posible la percepción de bonanza, se ven ahora amenazados.



La temporalidad política de Chávez, por una u otra razón, es un factor de incertidumbre. A su vez, la bonanza de precios de productos de exportación da señales de mengua, y la peligrosísima evolución de la situación europea, en que al erratismo de los mercados se suman ahora factores de incertidumbre política, no augura nada bueno en cuando a las condiciones externas de nuestra economía.



Y finalmente, está la seria advertencia sobre la incertidumbre en que se encuentran las dispensas (waivers) en el gobierno y congreso de los Estados Unidos, y se advierte de las consecuencias negativas que se podrían dar en las fuentes multilaterales de financiamiento.



Mientras tanto, el ilegal gobierno de Ortega ha continuado actuando como si nada pasara. Esta semana se aprobaron unas cosméticas reformas electorales, y un calendario electoral que desde ahora anticipa, por el abrumador control que el FSLN tendrá en los Consejos Electorales Departamentales y Municipales, que se están montando las mismas trampas, y quizá peor, que en las elecciones de 2008 y 2011. Y continúan las mismas personas en el Consejo Supremo Electoral.



Al principio decía que no todo era responsabilidad del gobierno, porque también la tienen quienes por acción u omisión, lo incentivan  a continuar imperturbable en su camino al abismo, porque con esas acciones u omisiones echan leña al fuego que nos aguarda.



Contradicción e ineficacia de Ortega



El comentario anterior pone en evidencia una de las mayores contradicciones del discurso de Ortega: mientras por un lado Ortega no deja pasar ocasión para hacer gala de reivindicaciones nacionalistas, y despotricar contra el “capitalismo salvaje” del mercado internacional, a la vez nos ha hecho, en cinco años, un país mucho más dependiente de factores externos, entre ellos de la cooperación internacional.



Y en la medida que se asoman las mayores vulnerabilidades externas a que nos ha conducido Ortega, más se pone en evidencia la ineficacia de su gestión.



“Sos muy duro con el gobierno de Ortega”, me dijo un amigo, quien agregó, casi como consuelo, que el Ortega actual podría ser peor, pero no había “vuelto a hacer lo mismo que hizo en los ochenta”.



“Es que, le repliqué, yo no estoy criticando a Ortega por los años ochenta, sino por lo que está haciendo ahora”. Y no me refería a las restricciones políticas que han reducido los espacios democráticos, materia en la cual está totalmente aplazado, sino a su gestión económica que algunos, para mí inexplicablemente, la valoran tan positivamente que dan la impresión que se sienten cómo si les hubiesen “perdonado la vida”, solamente porque Ortega no está haciendo lo mismo que en los años ochenta.



“¿Cuál, le pregunté a mi amigo, es la eficacia de la gestión económica de Ortega, si teniendo condiciones de financiamiento externo y de precios de los productos de exportación muchísimas más favorables que cualquier otro gobierno, ha hecho crecer a la economía más modestamente que gobiernos anteriores, que no enfrentaron esas condiciones tan favorables?”. Como consecuencia, no se han generado suficientes nuevos empleos, mucho menos empleos de calidad, y lo que es más cruel, el salario real es hoy menor que hace cinco años.



Para mí, Ortega está aplazado en democracia y también en economía.

La Voz de Nicaragua esta en Google+

¡TODA HERMOSA ERES MARÍA!