La gran estafa de la Revolución Popular Sandinista - #Nicaragua


Por Roberto Escobedo Caicedo



Recuerdo aquel 19 de julio de 1979, cuando todos los oportunistas de Nicaragua, reforzados por la delincuencia común, recibían como héroes a sus futuros verdugos del Frente Norte y del Frente Sur, coreando a grito partido las consignas que los agitadores de las ciudades habían recibido de los nueve Comandantes de la Revolución Popular Sandinista. ¡Patria Libre o morir! ¡Somos libres! Ya no tenemos que buscar casas, porque los "muchachos" nos las van a regalar. No tendremos que pagar facturas de energía eléctrica, agua potable, teléfono, etc., porque todo será gratis. ¡Muerte a los somocistas! ¡Paredón para todos los reaccionarios!



He llamado Gran Estafa a la revolución popular sandinista, porque fue el título del libro escrito por el comunista peruano, Eudocio Ravines, cuando rompió frontalmente con la llamada Revolución Bolchevique, porque no fue más que una orgía de sangre, terror, robos, ejecuciones extrajudiciales, "vacaciones" en Siberia para los más afortunados etc. Le dolió tanto a Stalin ese calificativo de "Gran Estafa" que hasta mandó a asesinar a Ravines en Ciudad de México, México, recurriendo a un pesado camión Ford que lo aplastó contra la pared de una casa, simulando un falso accidente de tráfico.



Guardando las debidas relaciones de escala, la llamada Revolución Popular Sandinista es otra gran estafa, aprovechada por los demagogos para incitar a las masas a que manifestaran su oportunismo asesinando a cualquier ciudadano, bastando que cualquier enemigo lo señalara de somocista para ser ejecutado sin forma ni figura de juicio alguno. La plebe sedienta de botín entraba a los domicilios particulares de cualquier persona para saquearla y si se oponía, era asesinado en el acto. Este fue su comienzo.



Al día siguiente, 20 de julio de 1979, se aparecieron en las gradas de la entrada del Palacio Nacional los llamados nueve Comandantes de la Revolución Popular Sandinista, acompañados de los dóciles miembros de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, los que juraron sus cargos, entre ellos los representantes orgánicos de los empresarios y capitalistas nicaragüenses, Alfonso Robelo Callejas y Violeta Barrios de Chamorro. Mientras tanto, la chusma enardecida gritaba con entusiasmo oportunista, elecciones, ¿para qué? Que nuestros libertadores ejerzan el poder todo el tiempo que les queda de vida, gritaban otros, previamente aleccionados.



Inmediatamente comenzaron las detenciones masivas y como tanta gente no alcanzaba en las cárceles existentes en ninguna de las ciudades, comenzaron a requisar las casas que les parecían las más indicadas para transformarlas en casas de seguridad y feroces centros de tortura. Pero por las noches se aparecían las escuadras de verdugos nicaragüenses y de aventureros que llegaron de otros países buscando su respectivo botín, llevándose a los empleados públicos y otros señalados por sus enemigos de ser somocistas, los que eran ejecutados extrajudicialmente en la Cuesta del Plomo, cafetales del Crucero y otros sitios.



Uno de los que dirigía tras bambalinas a todas esas escuadras de exterminio fue Hugo Torres Jiménez, primer jefe de la siniestra y tenebrosa Dirección General de Seguridad del Estado, el que ahora pretende presentarse como que no hizo nada, nunca ordenó torturar a ningún ciudadano y mucho menos, ejecutarlo extrajudicialmente. Tenía como segundo al mando a un radioperiodista, César Cortés Télles, el que operaba bajo el pseudónimo operativo de "Camilo Córdoba", siendo conocido en el ambiente de los "venaderos", como "Pochotón". Entre el personal de interrogadores y asesinos figuraban Hugo Irurzún, alias "Capitán Santiago"; Enrique Gorriarán Merlo, apodado "El Pelado"; otros dos argentinos a los que nunca se les conoció el nombre, pero figuraban como el Ché Walter y el Ché Manuel; una cantidad apreciable de interrogadores, cuyos jefes eran Primitivo Rodríguez Blandón, Comandante "Pedro" y un leguleyo de Santo Tomás Chontales, Jairo Rodríguez, a quien llamaban el Compañero "Patricio", etc.



En la Seguridad del Estado habilitaron como cárceles unas bodegas y el salón de billares donde jugaban los agentes de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), de la época de Somoza Debayle. Todas esas instalaciones fueron transformadas en centros de detención y torturas, donde el amo y señor con derecho de vida y muerte sobre todos los que estaban en proceso de "investigación", lo era Hugo Torres Jiménez.



Torres Jiménez, después de su relevo de la Dirección General de Seguridad del Estado, donde previamente entrenó a su reemplazo, Lenin Cerna Juárez, pasó a desempeñarse como jefe de los Comisarios Políticos del Ejército Popular Sandinista. Está actualmente "retirado" con pensión de varios miles de dólares mensuales y fue grandemente beneficiado por la "piñata sandinista", siendo actualmente "propietario" de valiosas mansiones y fincas, donde cultiva mangos y aguacates para la exportación.



Las críticas que hacen tanto el esbirro orteguista, Hugo Torres Jiménez como los restantes miembros del MRS, no son más que ejercicios semánticos para mantener adormecidas a las masas con la falsa creencia que en el seno del orteguismo son posibles y hasta deseados los disensos. Se ha desarrollado con tanto éxito este individuo que ahora es también diputado del Parlamento Centroamericano (PARLACEN).



La llamada Revolución Popular Sandinista, se inició estableciendo los mecanismos necesarios para implantar la dictadura del proletariado, primera etapa de construcción de la sociedad marxista-leninista, fracasando rotundamente en sus nefastos propósitos. La contrarrevolución se inició en Honduras a los pocos meses después del triunfo sandinista. Para contrarrestarla, los nueve Comandantes de la Revolución implantaron el servicio militar obligatorio, utilizando a la juventud nicaragüense como carne de cañón de su proyecto de dominación subimperialista en la región centroamericana. Provocaron el hambre, porque se dedicaron a perseguir a los campesinos que trabajaban la tierra, estableciendo la cartilla de racionamiento, mientras sus cuadros de dirección política hacían pingües negocios con el "mercado negro" de los productos de primera necesidad.



Las llamadas pláticas de Paz de Sapoá y subsiguientes permitieron a los nueve Comandantes de la Gran Estafa, "negociar" con los "disidentes" sandinistas la desmovilización unilateral de los efectivos contrarrevolucionarios, dejando intacto el gigantesco aparato de terror, intimidación  y chantaje del FSLN, Ejército Popular Sandinista, Policía Sandinista, Tropas de Combate del Ministerio del Interior y de la Seguridad del Estado. Esto lo confirma el Comandante en Jefe de la Contrarrevolución, Adolfo Calero Portocarrero, cuando en su libro, "Confesiones de un Contra", reconoce que por indicaciones de los asesores militares norteamericanos, solamente podía confiarse para cargos de dirección en los que antes hubieran militado en el FSLN.



De esta manera, los gobiernos neoliberales que reemplazaron al sandinista, eran rehenes de los militares a través del Ejército, Policía y Seguridad del Estado, lo que negociaron con el perverso y traidor de Antonio Lacayo Oyanguren, yerno de la Presidente electa en los comicios de febrero de 1990, Violeta Chamorro. Los electores olvidaron su estrecha complicidad con los sandinistas a través de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. Les permitieron desarrollar su estrategia desestabilizadora de los gobiernos democráticos a través de asonadas y huelgas, gobernar desde abajo, contando con la complicidad descarada de la Policía y el Ejército.



La presidencia de Enrique Bolaños Geyer, permitió al sandinismo, convertido ya en orteguismo, implementar la política de división del liberalismo nicaragüense, lo que era esencial para que Ortega Saavedra regresara al poder mediante los votos y los fraudes, lográndose estos nefastos propósitos en las elecciones de noviembre del 2006, cuando Eduardo Montealegre Rivas, negoció que reconocería por anticipado el triunfo electoral del secretario general del FSLN, para que no se contaran el 8.5% de los votos procedentes de los sectores rurales del país, los que hubieran obligado a una segunda vuelta entre Ortega Saavedra y el Doctor José Rizo Castellón, candidato del PLC a la Presidencia de la República. Esa segunda vuelta hubiera significado el triunfo del candidato del PLC, sepultando las pretensiones del actual Presidente inconstitucional.



Ortega Saavedra, teniendo a su favor a los corruptos magistrados electorales, logró implementar otro fraude electoral en los comicios municipales de noviembre del 2008, en las elecciones regionales de las dos Regiones del Atlántico Nicaragüense y luego en las elecciones generales de noviembre del 2011, realizando toda clase de violaciones constitucionales y nuevos fraudes electorales.



El orteguismo renunció a sus pretensiones de implantar nuevamente la dictadura revolucionaria del proletariado, deslizándose hábilmente al extremo opuesto, el fascismo, contando con la complicidad de los grandes empresarios y capitalistas nicaragüenses, quienes son ahora sus máximos defensores. Han puesto a punto el modus operandi de los mafiosos sicilianos, "mangia e fait mangiare", comé y comamos.



Tardíamente, la administración Obama está aplicando presiones al régimen orteguista. Comenzó por negarle para al período 2012-2013 el Waiver de la Transparencia Fiscal, debido al alto grado de corrupción generalizada existente en el país. Estas presiones económicas han provocado misiones de cabildeo de los empresarios aliados del orteguismo a Washington, intercediendo porque tampoco le nieguen el Waiver de la Propiedad, lo que le cerraría a Nicaragua todo acceso a los organismos muiltilaterales de crédito.



La dictadura fascista de Ortega Saavedra necesita que le apliquen fuertes presiones económicas y la amenaza de utilizar la fuerza militar, si es preciso, dada su dependencia estructural de Hugo Chávez y Ahmedinejad, grandes promotores del terrorismo internacional. Las presiones diplomáticas no surten ningún efecto. Además, el orteguismo se ha dedicado a conseguir dinero donde sea, iniciando una acelerada carrera de endeudamiento externo. Los empresarios y capitalistas nicaragüenses deben saber que pagarán muy caro su complicidad con el orteguismo, porque no habrá otra Iniciativa para Países Pobres Altamente Endeudados (H.I.P.C.) para Nicaragua.



La Gran Estafa que se inició en perjuicio del pueblo nicaragüense el 19 de julio de 1979, lleva ya 33 años de mantenerse en el poder o compartiéndolo, ya que el FSLN dispone de su propio Ejército, su propia Policía y su propia Seguridad del Estado. Mantiene estrechos nexos con los capos del narcotráfico de México, Colombia y Venezuela. También es un miembro activo del cártel de países promotores del terrorismo internacional. Por todo esto es de urgente necesidad que la administración Obama le niegue el Waiver de la Propiedad para el período 2012-2013, lo que espera la gran mayoría del pueblo nicaragüense y el exilio radicado en los Estados Unidos, principalmente.


Fuente: Nicaragua Hoy

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